El mundo de la música sagrada de hoy es consumo. Hay muchas voces dando mensajes conflictivos. Varias circunstancias que son únicas en este periodo de la historia de la iglesia el más significante, es que la música sagrada hoy es un gran negocio, la música de la iglesia ha caído en el mundo de las ganancias y las pérdidas.
Se pone muy obvio, aun para el observador casual, que los editores y los arreglistas de grandes casas editoras consideran el “poder de venta” de un estilo particular de primaria importancia. Esto no es para poner en tela de juicios sus motivos ocultos. El resultado de este orden es que los editores o publicistas son muy receptivos a las nuevas tendencias musicales e incluso a las “Modas musicales”. El retardo de tiempo que existía entre lo que es popular en el mundo y lo que es aceptado en círculos cristianos ha sido reducido sustancialmente.
Este comercialismo produce otro fenómeno único.
Mucho de lo que se publica como música sagrada en el presente es tomado en estilo y sustancia directamente del mundo. Lo mas parecido al mundo que una canción suene, lo mas fácil para vender. Considerando la sensualidad y la degradación de la música secular, esto debe de ser visto con gran alarma.
Ya que gran parte de la música de la iglesia se ha ido a la deriva bastante lejos de lo que podría ser considerado “tradicional”, y ala luz del criticismo de los cristianos conservadores, escritores y publicistas hallan necesario defender sus acciones. A menudo sus acciones. A menudo esta cortina de fuego de apologéticos mayormente sigue la vieja línea Jesuita de que el fin justifica los medios.
Aplicando a la música, se establece lo siguiente, “Debemos de ganarnos la atención del mundo usando la música del mundo. Una vez tengamos su atención, les predicaremos el evangelio”. Esta línea de razonamiento ignora completamente la cualidad intrínsica, ola carencia de ésta, del medio musical que se usa para llevar el texto. Aun muchos defensores proclaman que la música no tiene cualidad intrínsica. Para ellos, la música no es ni buena ni mala, sino solamente una sucesión de notas, acordes y patrones rítmicos. Algunos lo admitirán, si son presionados, que alguna música tiene malas asociaciones pero insisten en que la música es totalmente “amoral”.
Sostener esta posición es ignorar lo que se ha convertido en conocimiento común entre los terapistas de música y los sociólogos. ¡La música afecta a la gente! El tipo de afecto se determina por las características de la música. En el tratamiento de enfermedades mentales, cierto tipo de música ha sido descubierto como muy útil. El terapista debe “prescribir” la música correcta para producir el efecto apropiado. En el ejemplo del Rey Saúl citado anteriormente, las Escrituras anunciaron este hecho hace siglos.
Tocar ciertos tipos de música es una oficina ocupada se ha descubierto que aumenta la productividad. Los restaurantes finos tocan música que hace el comer más placentero y ayuda a la digestión. ¡Incluso las vacas se pueden ordeñar más fácilmente con el fondo musical apropiado!
Casi todas las exposiciones de ciencias de la escuela secundaria de los años recientes han incluido un experimento que muestra el afecto desastroso que cierta música tiene sobre el crecimiento y desarrollo de ciertas plantas.
El medio musical tiene tanto que decir como el texto. Aunque su mensaje es más sutilmente trasmitido, pretender que no tiene un mensaje es ignorar un grupo de evidencias aplastantes.
Sin embargo, ya que aquellos que están levantando sus voces para defender esta tendencia “POP” son músicos expertos y bien conocidos, su defensa ha satisfecho las mentes de mucha gente cristiana.
Facilitando grandemente la secularización de la música de la iglesia, lo cual ha sido el tachamiento general, o por lo menos, el empañamiento de las líneas de separación del mundo entre los cristianos en general. Un cristiano que no ve a nada de malo en “actuar” como el mundo es probable que no vea nada de malo en “sonar” como el mundo.