Ezer-kenegdo

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre eté solo; le haré ayuda idónea para él.

lunes, 15 de marzo de 2010

El Desastroso Tornado de las comparaciones
El Escrito a continuación viene del blog liesyoungwomenbelieve.com  Es un blog creado por las autoras del Libro Mentiras Que las Jóvenes Creen.

Myself posted by Erin Davis on 03/27/08
Muchas de ustedes han escrito que su belleza es un área donde están propensas a creer mentiras. Molly escribió: “Bien, yo soy alta y se ríen de mi por eso y lo odio. Me he mantenido diciéndome que es algo bueno ser alta pero es difícil cuando alguien se está riendo de ti y poniéndote apodos por eso. ¿Algún consejo?
Bri Anna escribió:
“Bien, yo puedo relacionarlo con todo el asunto de la apariencia/nada de novio, porque yo lucho con eso conmigo misma. Constantemente me he estado recordando que no necesito un novio y que soy hermosa justamente en la manera como Dios me hizo. Estoy aprendiendo a aceptarme a mi misma por quién soy y que Dios no comete errores. Así que mantente... Dios te ama y eso es lo que importa.”
 
Britney señaló que una de las fuentes de nuestra lucha en esta área es el estándar de belleza que vemos representado por las celebridades. Ella escribió: “Yo pienso que la razón por la que las chicas piensan que son feas, y gordas es por causa de las modelos y celebridades que aparecen en las portadas de las revistas...”
Nosotras sentimos la necesidad de compararnos ¿no es cierto? Con frecuencia esa comparación nos deja un sentimiento como de que “nosotras no alcanzamos la medida. Cuando comenzamos a usar a otros como nuestro estándar de belleza y valor los resultados con frecuencia son desastrosos.
Apuesto que has jugado una versión del juego de comparación. Talvez tú estás constantemente juzgando si las otras chicas son más inteligentes que tú, o más populares, o más atléticas. Quizás tú te encuentras en competencia constante con una hermana mayor o con las impecables celebridades que adornan cada portada de revista. Talvez estás siempre vigilando para ver quién es más alta o más baja, mejor o peor vestida o más o menos talentosa que tú.

La irresistible necesidad de comparar parece ser una parte de nuestro diseño como mujeres. De hecho, la mayoría de las chicas tienen maestría en el arte de la comparación. El mundo a nuestro alrededor nos presiona. Las revistas son un formato de papel para comparaciones. Con más o menos $4.00 el ejemplar tú puedes ver quién está mejor o peor vestida que quién, quién es más gorda o más delgada que las notables estrellas a su alrededor o cómo los matrimonios de las celebridades se comparan con la competencia. Tú puedes hacer pruebas para ver cuán inteligente, divertida, o romántica eres. Pero el asunto es, ¿comparada con quién? Y aunque es verdad que todas nosotras comparamos, la mayoría de nosotras nota que esto nos deja un sentimiento de insatisfacción... o peor. Muchas veces, nuestras comparaciones nos dejan profundamente heridas. Jugar el juego de la comparación es una trampa peligrosa.
Esta trampa ha sido colocada cuidadosamente por nuestro enemigo. El sabe que compararnos a nosotras mismas con otras nos lleva a un sentimiento de desánimo, de inadecuadas y celos. El sabe que si puede volver nuestro enfoque hacia las que están a nuestro alrededor, puede distraernos fácilmente de las normas de Dios. Una de las armas más poderosas en su arsenal es la sensación de que estamos solas en estos sentimientos. Que somos la única que reacciona de esta forma. Que nadie más se siente así solo porque no parecen alcanzar las medidas. Enfrentemos esa mentira aquí mismo, juntas. Nuestra necesidad de comparar no nació en el siglo XXI. No es simplemente el resultado de los medios que nos empuja a una versión de belleza que es imposible de obtener. El enemigo ha estado poniendo esta trampa desde el principio. Un retorno hacia atrás a la Palabra de Dios nos muestra que muchas han sido atrapadas a menudo con terribles resultados. Pero una vez más vemos que las llaves para estas cadenas vienen de la verdad de la Palabra de Dios. Si regresamos al jardín del Edén encontramos a Satanás usando los mismos viejos trucos. La serpiente se coló y convenció a Eva para comenzar a compararse con otros, específicamente con Dios. Esto fue dañino por supuesto.
    “Seguramente no morirás,” le dijo a la mujer. “Porque Dios sabe que cuando tú comas de esto tus ojos serán abiertos y tú serás como Dios, conociendo el bien y el mal.” (Génesis 3:4)
    “Tú serás como Dios.” “Lo que tú eres no es suficientemente bueno.” “Tú necesitas ser más como alguien más.” Estas son las bases de esta mentira. Eva tenía todo lo que ella necesitaba pero cuando miró a su alrededor y se dió cuenta que Dios poseía conocimiento que ella no tenía, dejó que su corazón jugara el juego de la comparación y un mordisco de pecado siguió inmediatamente después.

¿Por qué la comparación es destructiva? ¿Por qué Satanás nos tienta a compararnos con otras? La respuesta es clara cuando estudiamos los resultados. En cada historia de comparación en la Biblia, la comparación guía a enfocarnos en el estándar incorrecto. Eva dejó que la serpiente definiera lo que era bueno para ella en lugar de confiar en el estándar de Dios para lo que era mejor. Los resultados fueron inmediatos y dolorosos. Ella perdió su hogar en el jardín. Perdió su intimidad con Dios. Y ella dejó su legado. Su hijo tomó una decisión similar. Caín olvidó ser agradecido por el favor que recibía de Dios y se enfocó en lo que él pensaba que había perdido. El perdió el control. El pecó. El perdió a su hermano. Sara puso su esperanza en lo que ella podría concebir. En vez de descansar en la promesa de Dios, ella intentó labrar las cosas buenas para ella misma. La medida de Dios para su vida era mejor, sus promesas eran suficientes. Pero las comparaciones enturbiaron las aguas.
Las bendiciones de Dios para la vida del rey Saúl fueron muchas. En vez de ser agradecido, él estaba celoso. Al fin, esto le llevó a la destrucción. Jesús tenía suficiente amor y propósito y ministerio para los doce discípulos, pero ellos deseaban establecer un orden de jerarquía. Ellos intentaron superarse el uno al otro y olvidaron enfocarse en complacer a su Señor.
Cuando nosotras nos comparamos con hermanos, amigas, con celebridades, los resultados son los mismos. Dios es nuestro estándar. El es nuestro Creador y su afirmación de nuestro valor es de más peso que riquezas incalculables. Cuando buscamos el aplauso del hombre, en vez de la aprobación de El, estamos enfocándonos en el estándar incorrecto y nos conformamos con un substituto barato

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